viernes, septiembre 09, 2005

ESCRIBIR DE TI

Tengo que escribir de ti
de tus rostros,
de todos tus nombres
de lo que no tocaste,


Tengo que escribir de ti
La memoria es tan frágil
El tiempo la hace angosta,
lejana, imaginaria, a veces
quizá sin proponérselo
frívola y traicionera

Tengo que escribir de ti
Esta pluma se desangra
En cada letra
Pero las palabras son necesarias

Tengo que escribir de ti
te gustaba la noche,
temías al frío, la soledad
las calles vacías, la melancolía
te aferrabas a las palabras


Tengo que escribir de ti
De la forma en que me mirabas cuando dormías
de tu respiración en el silencio

De tu boca azul, de tu boca roja

Tengo que escribir de ti
La batalla contra el tiempo
está perdida,
lo he intentado
¿lo sabes ?
pero el tiempo muerde
y las horas escurren entre mis manos

tengo que escribir de ti
por que el otoño
el caso es que cuando las hojas caen del árbol
no dejan rastro
luego la lluvia
la nieve , la bruma, la sombra,
se llevan cosas
las ocultan
las enmascaran
hacen que parezcan sueños
una taza,
el recuerdo de una tarde,
una palabra
una calle

además está el fuego
que lo arrasa todo

tengo que escribir de ti
mi pluma sigue desangrándose
pero falta poco,
el tiempo no vuelve
acaso estas últimas gotas azules.

miércoles, septiembre 07, 2005

ESPERARE

Un moka, por favor.

Te espero.
No estás.

Te espero en medio de una cafetería, frente a una taza llena, cálida de un moka que parece un buen complemento a mi espera. Desde hace unos cuántos minutos la taza humea un aroma dulce-amargo, suave-nostalgia, que abrazaba la mesa.

Te espero
No estás.

Recuero ahora, en algún lugar debo haberlo leído, que quién espera, paulatinamente es presa de una creciente ansiedad que minando su certeza le llega a sembrar la duda ¿ Nos hemos citado hoy ?, ¿ fue aquí ?, ¿ a esta hora ?. El extremo de la ansiedad, la duda llegaría a cuestionar la misma existencia de la persona esperada ¿ en realidad ella existe?, ¿no seré como aquel personaje del cuento Chino y no soy sino un hombre que soñó que invitaba un café a una mujer?. No, no es mi caso, sé que existes – te conocí, te llamé- , no hemos citado, es decir, te cité en está cafetería - era hoy, ¿por que era hoy , ¿no?

Te espero.

Miro alrededor. Algunas mesas ocupadas. En una cercana, algunos amigos conversan “ -¿vieron la película de anoche ? , -yo la vi y me encantó, -¿en serio?, a mi me pareció bastante predecible” ( ¿de qué película hablarán?, anoche yo no vi la tele) . Mas allá hay una pareja, ella se mira contenta, bueno , los dos , y aquél que está solo con su libro, ¿que estará leyendo?. Miro hacia el umbral de la cafetería, alguien acaba de entrar. No eres tu, mi moka mantiene su sabor amargo, como aquella bebida de chocolate que yo tomaba cuando niño que venía en botella y que mi abuela me compraba en la tienda que estaba a la vuelta de la calle donde vivía ¿cómo se llamaba? Me acuerdo que la botellita tenía dibujado un soldadito. Mi moka enfría, enfría y enfría.

Miro la hora.
¿ Habrás olvidado venir ? Quizá debí confirmar la cita por la mañana. ¡Como no te llamé! Bueno, igual ya vienes en camino. Sí, fue aquí. De eso puedo estar seguro.

Mi ansiedad crece. Este moka ya parece frappe. Espero que este enfriamiento no sea un símbolo, una suerte de presagio, un vaticinio. Si leyera los asientos de este café, ¿ que me dirían de ti ? ¿ hablarían de la mujer que eres , que has sido , de la que serás? ¿me dirían al menos, si ya vienes en camino? Pero si los moka no dejan asientos. La cuestión es que tengo varias cosas que decirte y quisiera tenerte frente a mí ahora mismo. Quisiera decirte que la última vez que te vi – que de hecho fue también la primera vez que te vi-, que lo que platicamos, que algo en tus ojos, que tu voz, que después de despedirnos, que en el carro, camino a casa, me fui pensando, sintiendo, que algo en mi piel, que esa la sentí como la primera, tu primera ausencia y mi primera nostalgia. Que solo resistí tres días la tentación de hablarte (y de escucharte) y que entonces te llamé. Que me emocionó escucharte nuevamente y que con todo el nervio te invité y que me quedé con una mezcla de gusto y alivio al saber que aceptabas y que aquí estoy, al final de esa historia, esperándote en esta cafetería viendo pasar lo mismo tiempo que gente, frente a un moka polar.

Te espero.
No estás.

Y mientras te espero, te recuerdo. Es curioso, recuerdo menos tus palabras, que tu voz. Es una sensación de cierta inasibilidad. Sé que cuando te conocí hablaste algo de ti, un poco de tus gustos y disgustos, tu trabajo, algo mas sobre la música y el cine. Algo recuerdo. Pero es mas cierta la sensación de tu voz tocando mi rostro, acomodándose entre mis manos. Casi podía acariciar las palabras que salían de tu boca. Recuerdo tus manos inquietas, tiernas; tu mirada. Me encantaron tus ojos, pero tu mirada. Te imagino, te reconstruyo a partir de lo poco que se de ti. ( En una de estas es más lo que te invento que lo que te recuerdo ). Es verdad, casi no se de ti, no tengo nada tuyo. Pero a la larga, es tan poco lo que se sabe de la gente, y por otro lado, jamás tendré nada tuyo, como uno nunca llega a tener nada de nadie. La pertenencia es una ilusión óptica, una distorsión del paisaje. Creemos, erróneamente, que lo cercano, lo familiar termina por pertenecernos. Acaso solo poseemos, breve, casi fugazmente, lo que alguien nos entrega como un acto de gentileza, de generosidad o de amor. Y mientras te recuerdo o te imagino, o te invento, te busco en mi pasado y en mi futuro, como Oliveira busca a la maga en las calles de Paris cada vez que alguien lee Rayuela. Solo espero tener mejor suerte que él.
Acorralo en mi memoria la imagen de tu rostro en medio de aquella noche, cuando me despedí de ti. Ahora mismo , como esa misma noche, intento recuperar(te), sentir(te), pensar(te), vivir(te).

Te espero.
No estás.

Tomo la taza y bebo los cubos restantes del moka polar.
Miro la hora, es casi un hecho que no vendrás.
Por primera vez pasa por mi mente la posibilidad de irme. Miro hacia la calle. Nada.
Entristezco leve, pero notoriamente.
Pero… quizá algún contratiempo a la salida de tu trabajo, una llamada de último minuto – esto pasa cada rato, siempre hay una llamada tan inesperada como inoportuna cuando tienes prisa por salir de la oficina , ah por que si no tienes nada que hacer , nadie llama -, en fin ,hay que confiar; algo me dice que has de estar a punto de llegar. Si me voy, seguro que mañana me dirás “ llegué y te acababas de ir”, y yo me voy a arrepentir de no haber soportado el peso de la espera.

¿Dónde estás?, ¿ cuál será el sabor de tus labios?, ¿ que encontraré en tus ojos cuando te mire otra vez?, ¿tu mirada , me reconocerá?.
Confiar, hay que confiar.
Miro el fondo de la taza, lo dicho, el moka no deja asientos, pero…mira, esa gotita se mueve y se acerca a…., lo dicho, vienes en camino.
Frente a pruebas tan científicas como contundentes, me decido.
Otro moka, por favor.

Te espero.
No estás.

Te espero.
Apareces.

Una calma y un alivio, que reconozco, me inundan (fugazmente recuerdo el momento en que aceptaste la invitación). Siento la sonrisa en mi rostro, mis manos ya saben la noticia.
Lo sabía, hice bien en esperarte.
Miro tu cabello, tu rostro. Te acercas. Llegas. Una mano tuya toma la mía que sale a darte la bienvenida. Algo dices del trabajo y la distancia (en realidad, no pongo mucha atención a lo que dices) el caso es tu voz sobre mi piel, tus palabras acomodándose entre mis manos, tu mirada – me doy cuenta- que me reconoce, yo te sonrío mientras te sientas a mi lado. Entonces me preguntas si no me has hecho esperar(te) demasiado, y yo, nada mujer, cualquier cosa, mira que acabo de pedir un moka, que todavía no me traen

viernes, septiembre 02, 2005

BESARTE MUCHO

Decir te extraño con mis labios invadiendo tu boca,
Decirme ven, con tus labios desplegando sus alas.

Besarte en la boca cada vez, como la primera vez, sorprendido, ingenuo, ávido, explorando, reconociendo las comisuras, el nacimiento y la orquilla de tus labios, probando su sabor, su tembloroso sabor.

Besarte como si nunca te hubiera besado, olvidando lo aprendido en el beso anterior,
recorriendo, abriendo, respirando a destiempos, ahogándome en medio de un mar azul, muriendo y renaciendo bajo tu mirada, susurrando historias mis de amor y desamor que lloran y se alegran en un nuevo beso.

Besar tu piel, como quién besa a la tierra. Te beso y mi llevo a los labios la lluvia alegre del verano, el mar encabritado del norte, el trigo mecido por el viento, el aroma a playas solitarias, el cobijo de la noche, el fuego del que nacen los montes, el estremecimiento que se hunde en los abismos.

Besar tu piel para reconocer, fundar, apropiar. Reconocerme, fundarme, apropiarme de la existencia. Beso entonces cada evidencia que le robas al vacío a la soledad, a la nada. Cada beso renueva tu, mi , nuestra existencia. Cada beso vindica mi vida.

Besarte como si fuera la última vez. Reconociendo en cada gota de sangre, en el palpitar del cuerpo, en ese aliento que nace al separar los labios, que nunca sabré – cuántas cosas estúpidamente se cree saber de esta vida, para solo comprobar, en medio del desconcierto, de la zozobra, de la inútil ingenuidad, que toda soberbia se paga cara – cuándo será la última noche en que miraré, la última noche en que sacudirás mi abrazo, la última noche en que te besaré.

Mucho, mucho debo besarte para desahogar la vida que se desborda por mi boca, para no dejar para un mañana improbable, para una Tu inexistente, para un Yo , tan equívoco como improbable, el beso que no te daré.

Besarte hoy y sobrevivir todas la noches en un solo beso.
Besarte ahora y darte ahora, en un solo beso, todos los besos.
Mucho debo besarte hoy, por que recostado en tu boca, no hay mañana.