sábado, marzo 12, 2005

COMO EL MAR DE VERACRUZ

Ella se enamoró de él por que olía a lavanda, por que tenía ese rostro seco de los hombres de mundo, por que le iba al Atlante de Casarín, y por que tenía los ojos verdes como el mar de Veracruz.
El se enamoró de ella por que era una niña que nada sabía del amor , ni de la vida y todo lo creía de él.
Se conocieron un domingo en la mañana , en un día de fiesta en un rincón de la ciudad donde llegó una kermesse que son como una fantasía de la vida – mitad verdad y mitad mentira – de esas kemesse donde hay payasos y jueces ,cárceles y bodas, muchos juegos y algunos besos ; y como había juegos, había una rueda de la fortuna desde donde ves el tiempo que viene, que es para ti y para quién va sentado junto contigo en el carrusel. Ellos se subieron, el la ayudó dándole la mano , y tomados de la mano vieron juntos el tiempo que venía y juntos lo vieron venir. Esa mañana, con un par de amigos como testigos ,frente a un juez que les dio un anillo de plástico , se casaron por primera vez , y pasaron muchos años , cuando paseando por el parque con sus hijos reconocieron que esa boda fue la de verdad.
Desde los primeros besos, que fueron a escondidas de los hermanos de ella, hasta sus últimas miradas , el amor nacido entre ellos fue lleno de ímpetus y relámpagos, indescifrable en su superficie e insondable en su profundidad . El caso es que entre mas tiempo pasaba , mas se parecía al mar de Veracruz; apacible y entrañablemente nocturno ,lleno de suave arena , de luna y viento ,pero aguacero y relámpago a la menor provocación. Tal era entonces la fuerza de su amor, que quienes se encontraban cerca de ellos, danzaban contagiados de la cadencia del oleaje, o sacudidos por la tempestad ,terminaban empapados de la furia de los amantes.
Ella, que tenía la profundidad del mar en el fondo de sus ojos, se la regalaba a él noche a noche , junto con el olor a rosas que tenía hilvanado a su piel. Aroma , que desde que vivieron juntos, llenó cada de una de sus casas y que solo lo abandonó , el mismo día que ella fue ,para nunca más volver, pero esto fue mucho tiempo después, por que hasta antes de ese día, él , que la amaba por sobre todo lo vivo, estaba seguro que ni ella , ni la profundidad de su mirada , ni el olor a rosas lo abandonarían jamás.
A lo largo de los años él llevó hasta ella el mundo que no conocía .Día con día, con un afán insuperable y certero, él volvía a casa con un trozo de vida para que ella lo palpara. Ella, que nunca dejó de ser una niña enamorada, se admiraba de cada vestigio del mundo que él le mostraba. Lo mismo se asombró cuando fue madre por primera vez, que cuando él, sin previo aviso llevó hasta su casa un perro San Bernardo que ella miraba inconcebible , y aunque pasaba media mañana cocinando para él y media tarde resembrando las plantas que el perro había arrancado, le tomó cariño por que, siendo de las dimensiones propias de su especie, cuidaba que su hijo el menor no se saliera de su casa.
El llegó a tener por ella un amor , que no conocería en toda su profundidad, ni con los cuatro hijos que tuvieron, un músico introvertido, un administrador atlantista, una maestra de muñecas y un temible vendedor, ni con los lugares profanos y siniestros que visitaron juntos, ni con los años compartidos. El , que la amaba por sobre todo lo vivo y que regresaba su casa noche a noche siguiendo el rastro del olor a rosas que ella tenía hilvanado a su piel, conoció el verdadero rostro del amor que le tenía 37 años después de conocerla, en aquella mañana del carrusel, cuando ella se fue de su casa , sin previo aviso, una mañana de otoño.

Ella le tenía a él, la admiración que se le tiene lo mismo a un almirante que a un general, aquella ciega veneración – propia de las niñas enamoradas – que se otorga a quién nunca se equivoca, a quién todo la sabe, a quién tiene los ojos verdes como el mar de Veracruz, a quién niega conocer el rostro del miedo, a quién tenía, como él tuvo, la perseverancia – ella decía que era terquedad – de planear , concebir y moldear escrupulosamente el tiempo que venía ,negando y rechazando la intervención de azar o de la providencia, para construir con sus empeños el pequeño imperio, donde él con sus manos fuertes era dueño absoluto del venir y porvenir para regalárselo a ella.
Con el paso del tiempo el amor que nació del olor a rosas, de la profundidad y el verde del mar de Veracruz, a diferencia de los amores reposados , hijos de la tolerancia y el sosiego, se volvió mas impaciente, se hicieron frecuentes vientos del norte ,lluvias imprevistas , relámpagos y tormentas .
Ellos, los amantes regidos mas por mareas lunares que por meses y años, se resistieron a convertirse en espectadores de su propio amor así que donde iban lo llevaban puesto, impregnando los caminos y los destinos de la profundidad de la noche y la cadencia imprevisible del mar.
Ella , que era una niña enamorada , se negó a que olor de su piel se marchitara y que las rosas se fueran de su casa antes que ella, no quiso que su amor se volviera ni viejo, ni sereno, ni apacible. Quizá por ello se fue, cuando el olor a rosas era aun intenso.
El , que nunca creyó en la providencia, no pudo imaginar por que, si en su imperio – según decía el- nada pasaba que él no planeara, moldeaba, decidiera, ella se fuera, de su vida y de la vida , sin pedirle permiso, llevándose la profundidad de la noche en sus ojos cerrados y el olor a rosas hilvanado a su piel .
Frente al peso de la ausencia , ni su perseverancia, ni el poder de su imperio, ni el Atlante , ni el verde de sus ojos como el mar de Veracruz fueron suficientes para crear otra noche, ni para hacer volver el olor a rosas a su corazón.
Por ello, una noche de luna, cuando cansado de escuchar el eco de su propia soledad, abrió su corazón a una probable providencia, se sorprendió de un olor a rosas que inevitable inundara su habitación. El , en su afán de seguirlo se sumergió en mar nocturno y verde en cuyo fondo encontró los ojos perdidos y olor a rosas que seguía hilvanado a la piel de mujer que amó por sobre todo lo vivo.

1 Comments:

Blogger Monica Morales said...

Que me ha dejado sin palabras.... conmovida hasta el extremo con tan bella narración!
Esta tiene que leerla en el programa, eh?

Saludos

Mony

8:58 a. m.  

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