sábado, marzo 12, 2005

CAIDA LIBRE

Tu cabello , el cielo
La noche,
Tus ojos, la noche, las lunas
El horizonte
Tus labios ,la humedad, el oleaje
El cielo , la lluvia ,tus ojos
Una lágrima, la profundidad del mar
El mar, tu boca, la humedad, mi sed
La comisura de tus labios
La comisura de tus pechos
La roja humedad ,
Tus labios, las frutas de la tierra,
El horizonte, tu cabello,
El cielo nocturno que me cobija
La noche
Tus hombros, las lunas
Crecientes , menguantes,
Nacen iluminan, mis ojos ,
Mi piel ,
Mi noche,
Mis dedos , tocan, rozan , encuentran, danzan
Tu piel , la humedad ,gotea, río abajo , piel abajo
Tus ojos , la profundidad del mar, la cadencia , el oleaje
El vaivén
La humedad, las comisuras de tus labios
La comisura de tus pechos
La tersa humedad ,
La comisura de tus palabras
La enrojecida humedad,
Tu boca
La cadencia , el oleaje,
La espuma, el vaivén ,va y ven
Va y ven
Tu boca, los labios , tu palabra
Tu nombre, mi nombre
El rojo silencio
Tus ojos, la profundidad del mar
El llanto contenido ,
La mar que va y ven
La cadencia,
El oleaje
Tu paso, la tersura de tu piel
El aroma, la intensidad
Las frutas de la tierra,
La cadencia , el oleaje
Tu andar
La tierra , el horizonte
Las lunas naciendo entre mis manos
Creciente, menguante
Va y ven
Las lunas , escurriendo entre mis dedos
tus ojos
Mirando , mis ojos
La profundidad del mar
Una lágrima
Allá , en el fondo
Tu , yo
La enrojecida boca
La humedad,
La comisura de tus deseos
La comisura de mis sueños
Mi nombre
Tu nombre
Mis manos inventando
Tu piel
Explorando misterios
Tu piel, el aroma
la intensa tersura
Mis brazos , rodeándote
Guardándote, mirándote
Tus manos , mis manos
Tu cabello , el cielo
Una boca que tiembla
Una boca que espera
La humedad embravecida
El río y el mar
Que danzan ,se entregan
La profundidad
Tus ojos mirándome
Tu voz, nombrándome
Tu boca ,Mi beso
Humedad
va y ven
Tu piel
Que nace de entre mis manos
Tus ojos, las lunas
Los misterios bajo tu nombre
Tu nombre, noche
Tu nombre

INVOCACION

Tierrabajo los nombres son incitadores, provocadores, invocadores , sagrados portadores del misterio de la existencia.
Tierrabajo los nombres recuperan la presencia, rescatándola del olvido, desentrañando la memoria ,desenterrando lo vivido. Nombres, que nombrados en medio de la noche, alivian el dolor, cicatrizan el alma herida, aquietan los sollozos , le dan sentido a cada una de la incontables lágrimas , atizan las brazas del fuego pasado.

Tierrabajo los amorosos se invocan mutuamente. Se nombran y de las sombras, del destiempo emergen sus figuras, sus contornos, sus aromas . Están ahí entonces,gracias a la palabra invocadora las miradas amadas, las siluetas recortadas del vacío, los labios entreabiertos musitando algo , los cabellos descolgándose de la obscuridad.
En medio de la noche, los amorosos ( solos , enmedio esa soledad donde la palabra musitada, susurrada, tiene todo poder ) se nombran, se dicen , se deletrean. Sus palabras inventan la luna , el viento, la bruma, los olores que los rodean .De las palabras nacen la boca sedienta ,los brazos extendidos, los dedos temblorosos, la piel que incendiada gota a gota se derrama.

Tierrabajo, los amantes sin más piel que su nombre, sin más identidad que su deseo, sin mas recurso que su palabra ,deletreando sílabas sagradas dichas por el cuerpo que se entrega ,que nacen del espíritu que los habita , estallan en cabellos encabritados, en cadencias enfurecidas, en deseos inexplorados cuyo origen siempre será un misterio.
Entonces los amantes se entregan, se someten a su dueño , al portador de la palabra. , El y ella , poseedores de sus mutuos nombres, tienen irrevocablemente , sabiéndolo o no , aquello que el nombre porta.
Ella lo nombra .El la nombra.
Ella lo invoca. El la convoca.
Ambos se deletrean.
Ambos se poseén


Tierrabajo los amantes, uno frente al otro abren sus cuerpos bajo la llave de sus voces .





Algunas noches recostados como cordilleras sobre las que anochece y derrama el rojo la luna que los atestigüa ,los amantes son como tierras recién descubiertas , entonces él , nombrándolo ,clama para sí potestad sobre cada pedazo descubierto de piel que enardecidamente húmeda, quemándolo se derrama entre sus manos.
Tierrabajo cada nombre es sagrado, cada palabra tiene la esencia creadora de lo nombrado.
Por ello invocarte es recuperar la tierra y la humedad que te conforman , rescatar la noche oculta en tus cabellos, atizar el fuego de tu piel con mi palabra, iluminarme con la luna roja que brilla desde el fondo de tus ojos.

COMO EL MAR DE VERACRUZ

Ella se enamoró de él por que olía a lavanda, por que tenía ese rostro seco de los hombres de mundo, por que le iba al Atlante de Casarín, y por que tenía los ojos verdes como el mar de Veracruz.
El se enamoró de ella por que era una niña que nada sabía del amor , ni de la vida y todo lo creía de él.
Se conocieron un domingo en la mañana , en un día de fiesta en un rincón de la ciudad donde llegó una kermesse que son como una fantasía de la vida – mitad verdad y mitad mentira – de esas kemesse donde hay payasos y jueces ,cárceles y bodas, muchos juegos y algunos besos ; y como había juegos, había una rueda de la fortuna desde donde ves el tiempo que viene, que es para ti y para quién va sentado junto contigo en el carrusel. Ellos se subieron, el la ayudó dándole la mano , y tomados de la mano vieron juntos el tiempo que venía y juntos lo vieron venir. Esa mañana, con un par de amigos como testigos ,frente a un juez que les dio un anillo de plástico , se casaron por primera vez , y pasaron muchos años , cuando paseando por el parque con sus hijos reconocieron que esa boda fue la de verdad.
Desde los primeros besos, que fueron a escondidas de los hermanos de ella, hasta sus últimas miradas , el amor nacido entre ellos fue lleno de ímpetus y relámpagos, indescifrable en su superficie e insondable en su profundidad . El caso es que entre mas tiempo pasaba , mas se parecía al mar de Veracruz; apacible y entrañablemente nocturno ,lleno de suave arena , de luna y viento ,pero aguacero y relámpago a la menor provocación. Tal era entonces la fuerza de su amor, que quienes se encontraban cerca de ellos, danzaban contagiados de la cadencia del oleaje, o sacudidos por la tempestad ,terminaban empapados de la furia de los amantes.
Ella, que tenía la profundidad del mar en el fondo de sus ojos, se la regalaba a él noche a noche , junto con el olor a rosas que tenía hilvanado a su piel. Aroma , que desde que vivieron juntos, llenó cada de una de sus casas y que solo lo abandonó , el mismo día que ella fue ,para nunca más volver, pero esto fue mucho tiempo después, por que hasta antes de ese día, él , que la amaba por sobre todo lo vivo, estaba seguro que ni ella , ni la profundidad de su mirada , ni el olor a rosas lo abandonarían jamás.
A lo largo de los años él llevó hasta ella el mundo que no conocía .Día con día, con un afán insuperable y certero, él volvía a casa con un trozo de vida para que ella lo palpara. Ella, que nunca dejó de ser una niña enamorada, se admiraba de cada vestigio del mundo que él le mostraba. Lo mismo se asombró cuando fue madre por primera vez, que cuando él, sin previo aviso llevó hasta su casa un perro San Bernardo que ella miraba inconcebible , y aunque pasaba media mañana cocinando para él y media tarde resembrando las plantas que el perro había arrancado, le tomó cariño por que, siendo de las dimensiones propias de su especie, cuidaba que su hijo el menor no se saliera de su casa.
El llegó a tener por ella un amor , que no conocería en toda su profundidad, ni con los cuatro hijos que tuvieron, un músico introvertido, un administrador atlantista, una maestra de muñecas y un temible vendedor, ni con los lugares profanos y siniestros que visitaron juntos, ni con los años compartidos. El , que la amaba por sobre todo lo vivo y que regresaba su casa noche a noche siguiendo el rastro del olor a rosas que ella tenía hilvanado a su piel, conoció el verdadero rostro del amor que le tenía 37 años después de conocerla, en aquella mañana del carrusel, cuando ella se fue de su casa , sin previo aviso, una mañana de otoño.

Ella le tenía a él, la admiración que se le tiene lo mismo a un almirante que a un general, aquella ciega veneración – propia de las niñas enamoradas – que se otorga a quién nunca se equivoca, a quién todo la sabe, a quién tiene los ojos verdes como el mar de Veracruz, a quién niega conocer el rostro del miedo, a quién tenía, como él tuvo, la perseverancia – ella decía que era terquedad – de planear , concebir y moldear escrupulosamente el tiempo que venía ,negando y rechazando la intervención de azar o de la providencia, para construir con sus empeños el pequeño imperio, donde él con sus manos fuertes era dueño absoluto del venir y porvenir para regalárselo a ella.
Con el paso del tiempo el amor que nació del olor a rosas, de la profundidad y el verde del mar de Veracruz, a diferencia de los amores reposados , hijos de la tolerancia y el sosiego, se volvió mas impaciente, se hicieron frecuentes vientos del norte ,lluvias imprevistas , relámpagos y tormentas .
Ellos, los amantes regidos mas por mareas lunares que por meses y años, se resistieron a convertirse en espectadores de su propio amor así que donde iban lo llevaban puesto, impregnando los caminos y los destinos de la profundidad de la noche y la cadencia imprevisible del mar.
Ella , que era una niña enamorada , se negó a que olor de su piel se marchitara y que las rosas se fueran de su casa antes que ella, no quiso que su amor se volviera ni viejo, ni sereno, ni apacible. Quizá por ello se fue, cuando el olor a rosas era aun intenso.
El , que nunca creyó en la providencia, no pudo imaginar por que, si en su imperio – según decía el- nada pasaba que él no planeara, moldeaba, decidiera, ella se fuera, de su vida y de la vida , sin pedirle permiso, llevándose la profundidad de la noche en sus ojos cerrados y el olor a rosas hilvanado a su piel .
Frente al peso de la ausencia , ni su perseverancia, ni el poder de su imperio, ni el Atlante , ni el verde de sus ojos como el mar de Veracruz fueron suficientes para crear otra noche, ni para hacer volver el olor a rosas a su corazón.
Por ello, una noche de luna, cuando cansado de escuchar el eco de su propia soledad, abrió su corazón a una probable providencia, se sorprendió de un olor a rosas que inevitable inundara su habitación. El , en su afán de seguirlo se sumergió en mar nocturno y verde en cuyo fondo encontró los ojos perdidos y olor a rosas que seguía hilvanado a la piel de mujer que amó por sobre todo lo vivo.