jueves, febrero 03, 2005

Y DESPUES DEL AMOR

Y DESPUÉS DEL AMOR.
ADOLFO MORALES MONCADA.




La habitación está obscura.
Las sombras que momentos antes danzaban confundiéndose una con otra, una en otra, ahora han recuperado su fragil individualidad.
Ella tiene los ojos cerrados yace, a un costado de él. De pronto prodigiosamente se hace un poco más pequeña, lo suficiente para acurrucarse en el costado de él, quién se acomoda para, sin prisa, con una lenta ternura, recibirla, y abrazándola cobijarla.
El ha girado un poco su cuerpo y ahora sumergido en una penumbra azulada la mira . Cuántas formas de belleza se esconden tras su rostro. Piensa en decirle algo ,pero …guarda silencio por no romper el momento con palabras innecesarias. Deja que sea su mano quién hable. Toma un mechón de los cabellos que le ocultan el rostro y luego pasa sus dedos por la frente y la mejilla mientras ella se acomoda, acerca aun más cuerpo y le sonríe .
A ella le gusta que la abrace con todo el cuerpo. Sabe que cualquier caricia, no importa qué lugar de la piel la reciba , sacude al cuerpo entero. Una noche le dijo mientras el acariciaba sus brazos, que poco a poco sentía ese ligero roce en toda su piel. Es como cuando tiras un piedra a un lago, le dijo , de donde se hunde la piedra surge una onda que expandiéndose lo recorre todo. No importa dónde me toques ,me tocas toda. Con los abrazos era igual, tenía que serlo. No había tal cosa como rodear solo la espalda. Con ella aprendió del misterio de prisionar con todo lo que el cuerpo es, todo lo que el cuerpo no es.
Ahora mismo ella se hace al cuerpo de él, se empalman torsos, caderas , piernas, se ahueca uno para recibir al otro , lo cóncavo abraza a lo convexo.
Después de acariciarle el rostro el posa su mano en la cintura de ella.
Frezca, tibia.
- ¿Tienes frío ?
- No, contesta ella con un movimiento de la cabeza.
Pero él que ha sentido la piel de ella erizándose, intenta un breve movimiento como para alcanzar la cobija que ahora está cerca de sus pies. Pero no llega a incorporarse. Ella se aprieta más ( como si esto fuera aun posible ) y le dice muy quedo, no te pares. Entonces, el brazo de él es una manta tibia que recorre la espalda de ella.



Ella suspira y se ajusta amoldando su cuerpo al de él.

- ¿ Me quieres ? pregunta, mientras cruza una de sus piernas que ahora es como un puente por encima de la cintura de él.
- Mira si estabas despiertita,
- si,
- y hasta con ánimo de inciar conversación sobre el amor de un servidor.
- Ajá. Yo solo quiero que me digas que me quieres, anda , dime.
- ¿Nada mas ?
- Sí. ¿Me quieres?
- Como la mar azul.
- No empieces, a ver… ( ella se acomoda, lo mira y sonríe ) ¿ del uno al cien cuanto me quieres ?
- Ah , la cosa es contable. Bueno, pues… ¿del uno al cien?… déjame ver , cuatro y van dos, subo el cinco y bajo el 7, menos 4 ( el otro día llegaste tarde ) pues…. Setecientos treinta y ocho.
- Uuuuh…asi, tan poquito ?
- Bueno es que …pues ya es muy noche y los heroes están cansados.
- No me convences , pero bueno, y a ver … de aquí a China ¿ cuanto me quieres ?
- ¿ que?
- Ya me oiste , de aquí a China, ¿cuando me quieres ?.
- Pues… hasta China ? la de Mao ?, bueno pues… hasta China !, pero con escalas. Primero en Paris para tomar café, luego en Praga y leerme algo de Kundera en espacio real ,luego en Tibet para meditar, en Corea para , a propósito conoces algún buen restauran Coreano? y finalmente Pekín ¿ Pekín esta bien ?
- Eres un simple.
- Pero un simple cansado, he ido hasta China ¿Y tu ?
- ¿Yo ? bueno, como quererte, no mucho, te hago el amor por que tienes cara de solitario y de que te urge tener quien te quiera. ¿ Sabes una cosa ? Cuando te conocí , me dije, a este le hace falta que lo quiera alguién como yo.
- Vaya , un acto altruista , o sea que lo tuyo es como depositar en el banco del Karma.
- Y mucho, por que entre más feo, más te cuenta.

El se acerca al rostro de ella y le besa en la comisura de los labios. Pero se nota que a ella ese beso no le convence, por que se incorpora lo suficiente para besarlo hondamente, dejando en los labios de él una humedad lenta llena de dulce ternura con el que va cerrando la noche.




Ella no sabe a bien desde cuando lo ha querido. A veces tiene la idea, un poco romántica ,lo reconoce , que desde siempre. Pero también tiene la otra , la que le dice que su amor tiene que ver con la forma en que él la mira, cuando parece que alcanza a ver algo de lo que nadie más se enterara que habita en ella. O con las palabras que escucha, como cuando le dice que la quiere, (a ella siempre le ha gustado escucharlo, hay algo amante y místico en el ,te quiero en la voz de él ) o con sus manos ( sus manos que han inventado tantas formas de quererla, al acariciar, rozar, apretar, lo que alguna vez fuera inasible en ella ) o cuando, como ahora, después del amor el cuerpo de él la recibe cobijándola, amoldándose a ella, , queriéndola , si fuera posible aún más que a la hora del amor.

Ella, que le ha dicho que no importa dónde llegue la caricia, toda la piel la recibe, que lo abraza con todo el cuerpo, sabe que no hay manera de querer sino depositándose íntegramente en él. Para ella cada acto de amor, es todo el amor.
El la quiere por que … quizá en realidad no lo sabe bien , pero reconoce en lo que se convierte cuando la abraza, y lo queja de ser cuando su ausencia.
-¿Tienes frío? Preguntó él mientras con un movimiento rápido alcanza la cobija para cubrir a los dos cuerpos, mientras ella toma el brazo de él y lo deposita en su propia espalda.
En la habitación en medio de un silencio tibio, las sombras azuladas se confunden nuevamente una con otra , una en otra.
Pero hay algo más, parece una pequeñez , quizá hasta tonto, hay algo que él quiere esuchar , que sea el último recuerdo de la noche , ese eslabón entre la noche que termina y el sueño que inicia .
- ¿Me quieres ? pregunta él
La voz de ella es un breve susurro que invade la noche y su sueño .
- Como la mar azul.