jueves, febrero 03, 2005

ESPERAR ( TE )

Esperar(te)
Adolfo Morales Moncada

Te espero.
No estás.
Te espero en medio de una cafetería frente a una taza semivacía, tibia, de un moka enturbiado por la inmovilidad. Hace unos minutos la taza humeaba un aroma amargo que abrazaba la mesa.
Te espero.
No estás.
Abro el libro que traigo como antídoto contra la ansiedad. Busco inútilmente el último párrafo leído.
Recuerdo que en algún lugar leí que quien espera, paulatinamente es presa de la ansiedad hasta llegar a la duda: ¿Nos hemos citado aquí ? ¿A esta hora? El extremo de la ansiedad y la duda llegaría a cuestionar la existencia de la persona esperada. No es mi caso, se que existes , nos hemos citado en esta cafetería – era hoy, verdad ? -.
Te espero .
No estás.
Miro alrededor. Algunas mesas ocupadas por amigos que conversan: ¿sigues trabajando en lo mismo?-, ¿vieron la película de anoche? (¿de qué película hablarán?).
Otras mesas están vacías. Miro hacia el umbral de la cafetería, alguien acaba de entrar. No eres tú. Mi moka enfría.
¿Habrás olvidado venir? Quizá debí confirmar la cita por la mañana. ¿En dónde estarás?
He abierto y cerrado el libro tres o cuatro veces. ¿ En dónde me quedé?
Nos quedamos de ver…aquí, de eso estoy seguro(¿?).
MI ansiedad crece , la cuestión es que tengo varias cosas que decirte y quisiera decírtelas ahora mismo, tenerte frente a mi ,mirarte y que me mires. Quisiera decirte que la última vez que te vi , las cosas que platicamos , que tus ojos , que, que algo de tu cabello, que al depedirme , tus manos , que me fui pensando ,sintiendo.
Que por eso ( despues de dudarlo , de pensarlo ) te llamé hace un par de días. Por eso estoy ahora esperándote en esta cafetería , frente a un moka sin espuma y espeso de inmovilidad.
Te espero. No estás.
Trato de regresar a la lectura. Letras , palabras , oraciones , párrafos ,imágenes, una historia , ella. Olvido el libro.
Te recuerdo, te imagino. Es curioso, recuerdo menos tus palabras que tu voz.
Es una sensación de cierta inasibilidad.
Sé que la última vez hablaste de ti, de algunos de tus gustos y disgustos, algo recuerdo. Pero es más cierta la sensación de tu voz tocando mi rostro, paseándose por mi mirada. Recuerdo tus manos inquietas, dulces, tiernas. Tu mirada. Son lindos tus ojos, pero tu mirada. Te recuerdo, te imagino, te reconstruyo a partir de lo escaso que sé, que tengo de ti. Cierto, quizá de ti nunca detenga nada. De hecho, nunca se tiene nada de nadie, sólo lo que nos dan como un acto de gentileza, de generosidad o de amor.
Acorralo en mi memoria la imagen de tu rostro en medio de la noche cuando me despedí de ti. Intento recuperar (te), sentir (te), el aroma de tu cabello, un indicio de tu mirada, de tus pasos.
Tomo la taza y bebo el resto de un moka invernal. Sólo le falta escarcha. Miro la hora, es casi un hecho que no vendrás. Pero… quizá fue algún contratiempo y estás a punto de cruzar el umbral. Si me voy, seguro mañana me dirías –llegué y te habías ido-. Y yo me voy a arrepentir de mi ansiedad, del peso de la espera.
Finalmente me decido.
Otro moka, por favor.
Te espero. No estás.
Te espero. Apareces.
Una calma y un alivio me inundan. Lo sabía, hice bien en perar(te). Miro tu cabello y tu rostro, una mano tuya se acerca a la mía mientras dices algo del trabajo y la distancia (la verdad, no pongo mucha atención a tus palabras, el caso es tu voz otra vez sobre mi puel rodeándome, saludándome), mientras yo te sonrío y te miro y te invito a sentarte.
Aprecio la tibieza de tu mano, te ofrezco un asiento a mi lado. Tú me preguntas si no me has hecho esperar(te) mucho y yo, nada hombre, cualquier cosa, mira que acabo de pedir una moka, que de hecho aún no me traen.