jueves, febrero 03, 2005

DESNUDA

DESNUDA
ADOLFO MORALES MONCADA


Es noche.( Hay un misterioso convenio entre la noche y tu piel).
Desde el destiempo, desde el vacío. Llegas a la habitación donde yo te espero.
En silencio, sin mediar palabras, en medio de una lenta tibieza te despojas una a una de tus prendas.
Eres una sacerdotisa en medio de un ritual.
Desabotonas, recorres, deslizas.
No me miras, pero sabes que yo lo hago.
Poco a poco tu piel, antes oculta ( quizá dormida ) ilumina la penumbra de la habitación.
La luz de tu piel me esclaviza. Eres casi otra con tus hombros al aire enmarcando tu rostro. Tu espalda es un lienzo en blanco, un desierto ardiente, un lenguaje sin descifrar. Tu cadera se delinea . Tus piernas aparecen.
Mientras te miro mis manos se inquietan. Mi propia piel se despierta de la anestesia del día.
En silencio acomodas, doblas , depositas u n a a u n a cada prenda con una lentitud d e s e s p e r a n t e.
Tu cuerpo libre de velos, de ataduras se transforma.
Miro tu desnudez. Ahora están desnudas partes de tu cuerpo que, inexplicablemente antes no lo estaban.
Desnudas tu mirada y tus manos, tus mejillas y tus orejas, desnudos tus brazos, tus cabellos, tus pies, tus labios.
La noche se entierra en tu cuerpo y por los poros de tu piel se asoman las estrellas. Intuyo en tu mirada la ventana a la infinitud.
Pero eres algo mas. Lo inasible al alcance de mis brazos.
Desnuda eres el manantial azul que alimenta todas las aguas. No hay río, ni lluvia; no hay gota ni tormenta, que no broten de tu cuerpo .
Desnuda eres un bálsamo que silencia mis dolores del cuerpo y del alma. Tu piel sana mis heridas; cobijado por ella no hay penas ni ansiedades pasadas o futuras que me agobien.
Desnuda eres una noche para penetrarse, noche inmensa con dos estrellas polares, tu boca y tu sexo.
Desnuda eres el principio y el fin. Cuántas veces he muerto en medio de tu vientre para renacer en medio de tus brazos.
Desnuda tu boca es un ave en fuego.
Desnuda eres un campo abierto. Tierra bendita llena de olivos, almendras, vid y miel.
Cuántas cosas pienso mirándote, mientras no me miras.
De pronto, pareciera que recuerdas que estoy ahí.
Nada dices mientras te acercas y finalmente te recuestas a mi lado.
Te miro, ahora , solo ahora mi miras. Me sabes, te sé.
Desprovista de lo innecesario, eres una mujer.
Entonces…tu mano, tu rodilla , en fin… tu cuerpo…tu, desnuda.
Yo entiendo, y nada digo.
Mientras tu cuerpo habla, mis palabras sobran.