sábado, diciembre 24, 2005

EL POLVO DEL QUE ESTAMOS HECHOS

Se les conoce como “Las Mulas de Colombia” – aún el nombre es despectivo- y hace referencia a las mujeres que usan los narcotraficantes colombianos para transportar droga a otros países. El método consiste en hacerlas tragar alrededor de cien bolsitas, parece que de latex, con la droga ( usualmente cocaína ). Al llegar a su destino, los narcotraficantes receptores, reciben a la preciada mercancía – y al cuerpo que la contiene- les dan a las mujeres alguna forma de laxante para que desalojen lo verdaderamente valioso: las bolsas de latex. .
Muchas, las más, debo suponer, de estas mujeres son amenazadas para hacer este trabajo; cuando son descubiertas por las autoridades y encarceladas, como es de suponerse, son abandonadas a su suerte.
Otra vez, repetimos la historia: hombres que usurpan el cuerpo de una mujer, lo expropian, lo invaden, lo humillan para su usufructo.
El cuerpo de la mujer como material de trabajo, como medio de transporte, como caja viviente. “ Las Mulas de Colombia”.

Es viernes y se habla de la violencia contra las mujeres.
Pienso entonces, esto es inevitable, en las “ Las muertas de Juárez”. En las mujeres que son acosadas de manera cotidiana, en la maquila. En aquellas que cuyos cuerpos son materia de trabajo, objeto de expropiación, de usufructo en la calle primera, en la Coahuila, en la revolución . En las niñas que dejaron de ir a la escuela para ayudar a sus padres en las labores de la casa o para trabajar en la calle. En aquellas que son golpeadas tanto con el puño como por el desprecio; aquellas que son violadas en sus cuerpos, como en su libertad ; aquellas a quiénes después de exprimirles la vida , finalmente les matan el cuerpo.
¿ En donde inicia esto? Tendrá que ver con el género de Jehová, de Dios Padre, de Alá ? , ¿Será por que ellos son hombres?, ¿será por que la literatura dice que Dios decidió hacer a la mujer no de polvo, de un puñado de tierra independiente de Adán, sino de su costilla?, ¿ Por que no los hizo iguales?. ¿Será por eso que en las escrituras llamadas sagradas están tan ausentes los nombres de mujeres?, ¿ Para los profetas, que papel jugaban las mujeres en la vida ?,¿Será por eso que a la hora de la autoridad, del poder, sobre todo Reyes, Emperadores, Condes, Generales, Capitanes, Sacerdotes, Arzobispos, Cardenales, Papas, Gobernadores, Pintores, Arquitectos, Literatos, Ingenieros, Doctores, Directores, Jefes, Presidentes, Senadores, Patricios, Señores Feudales?, mientras que las mujeres ¿ campesinas, vendedoras, ayudantes, enfermeras, secretarias, esposas, alfareras, soldaduras, recolectoras, meseras, huilas, prostitutas, trabajadoras sexuales, cargadoras, sirvientas, Mulas de Colombia , muertas en Juárez ?
No puede ser más que para unos la voz y para otras el silencio, para unos el conocimiento y para otras la ignorancia, para unos el golpe y para otras el dolor, para unos la impunidad, y para otras el enjuiciamiento.
Por fortuna la transición social ha iniciado. Son ahora más las mujeres que estudian, que trabajan, que son económica, moral , ideológica, emocionalmente independientes – no han nacido de la costilla de nadie-. El movimiento hacia la equidad de género ha iniciado.
Y, en lo que al polvo se refiere, estamos hechos del mismo polvo , el hombre, la mujer, todo lo creado e incluso a la mano que los formó.

viernes, octubre 07, 2005

Tus ojos

He descubierto
lo que habita en tus ojos,
una noche para dormirse en ella
y no volver a despertar.


viernes, septiembre 09, 2005

ESCRIBIR DE TI

Tengo que escribir de ti
de tus rostros,
de todos tus nombres
de lo que no tocaste,


Tengo que escribir de ti
La memoria es tan frágil
El tiempo la hace angosta,
lejana, imaginaria, a veces
quizá sin proponérselo
frívola y traicionera

Tengo que escribir de ti
Esta pluma se desangra
En cada letra
Pero las palabras son necesarias

Tengo que escribir de ti
te gustaba la noche,
temías al frío, la soledad
las calles vacías, la melancolía
te aferrabas a las palabras


Tengo que escribir de ti
De la forma en que me mirabas cuando dormías
de tu respiración en el silencio

De tu boca azul, de tu boca roja

Tengo que escribir de ti
La batalla contra el tiempo
está perdida,
lo he intentado
¿lo sabes ?
pero el tiempo muerde
y las horas escurren entre mis manos

tengo que escribir de ti
por que el otoño
el caso es que cuando las hojas caen del árbol
no dejan rastro
luego la lluvia
la nieve , la bruma, la sombra,
se llevan cosas
las ocultan
las enmascaran
hacen que parezcan sueños
una taza,
el recuerdo de una tarde,
una palabra
una calle

además está el fuego
que lo arrasa todo

tengo que escribir de ti
mi pluma sigue desangrándose
pero falta poco,
el tiempo no vuelve
acaso estas últimas gotas azules.

miércoles, septiembre 07, 2005

ESPERARE

Un moka, por favor.

Te espero.
No estás.

Te espero en medio de una cafetería, frente a una taza llena, cálida de un moka que parece un buen complemento a mi espera. Desde hace unos cuántos minutos la taza humea un aroma dulce-amargo, suave-nostalgia, que abrazaba la mesa.

Te espero
No estás.

Recuero ahora, en algún lugar debo haberlo leído, que quién espera, paulatinamente es presa de una creciente ansiedad que minando su certeza le llega a sembrar la duda ¿ Nos hemos citado hoy ?, ¿ fue aquí ?, ¿ a esta hora ?. El extremo de la ansiedad, la duda llegaría a cuestionar la misma existencia de la persona esperada ¿ en realidad ella existe?, ¿no seré como aquel personaje del cuento Chino y no soy sino un hombre que soñó que invitaba un café a una mujer?. No, no es mi caso, sé que existes – te conocí, te llamé- , no hemos citado, es decir, te cité en está cafetería - era hoy, ¿por que era hoy , ¿no?

Te espero.

Miro alrededor. Algunas mesas ocupadas. En una cercana, algunos amigos conversan “ -¿vieron la película de anoche ? , -yo la vi y me encantó, -¿en serio?, a mi me pareció bastante predecible” ( ¿de qué película hablarán?, anoche yo no vi la tele) . Mas allá hay una pareja, ella se mira contenta, bueno , los dos , y aquél que está solo con su libro, ¿que estará leyendo?. Miro hacia el umbral de la cafetería, alguien acaba de entrar. No eres tu, mi moka mantiene su sabor amargo, como aquella bebida de chocolate que yo tomaba cuando niño que venía en botella y que mi abuela me compraba en la tienda que estaba a la vuelta de la calle donde vivía ¿cómo se llamaba? Me acuerdo que la botellita tenía dibujado un soldadito. Mi moka enfría, enfría y enfría.

Miro la hora.
¿ Habrás olvidado venir ? Quizá debí confirmar la cita por la mañana. ¡Como no te llamé! Bueno, igual ya vienes en camino. Sí, fue aquí. De eso puedo estar seguro.

Mi ansiedad crece. Este moka ya parece frappe. Espero que este enfriamiento no sea un símbolo, una suerte de presagio, un vaticinio. Si leyera los asientos de este café, ¿ que me dirían de ti ? ¿ hablarían de la mujer que eres , que has sido , de la que serás? ¿me dirían al menos, si ya vienes en camino? Pero si los moka no dejan asientos. La cuestión es que tengo varias cosas que decirte y quisiera tenerte frente a mí ahora mismo. Quisiera decirte que la última vez que te vi – que de hecho fue también la primera vez que te vi-, que lo que platicamos, que algo en tus ojos, que tu voz, que después de despedirnos, que en el carro, camino a casa, me fui pensando, sintiendo, que algo en mi piel, que esa la sentí como la primera, tu primera ausencia y mi primera nostalgia. Que solo resistí tres días la tentación de hablarte (y de escucharte) y que entonces te llamé. Que me emocionó escucharte nuevamente y que con todo el nervio te invité y que me quedé con una mezcla de gusto y alivio al saber que aceptabas y que aquí estoy, al final de esa historia, esperándote en esta cafetería viendo pasar lo mismo tiempo que gente, frente a un moka polar.

Te espero.
No estás.

Y mientras te espero, te recuerdo. Es curioso, recuerdo menos tus palabras, que tu voz. Es una sensación de cierta inasibilidad. Sé que cuando te conocí hablaste algo de ti, un poco de tus gustos y disgustos, tu trabajo, algo mas sobre la música y el cine. Algo recuerdo. Pero es mas cierta la sensación de tu voz tocando mi rostro, acomodándose entre mis manos. Casi podía acariciar las palabras que salían de tu boca. Recuerdo tus manos inquietas, tiernas; tu mirada. Me encantaron tus ojos, pero tu mirada. Te imagino, te reconstruyo a partir de lo poco que se de ti. ( En una de estas es más lo que te invento que lo que te recuerdo ). Es verdad, casi no se de ti, no tengo nada tuyo. Pero a la larga, es tan poco lo que se sabe de la gente, y por otro lado, jamás tendré nada tuyo, como uno nunca llega a tener nada de nadie. La pertenencia es una ilusión óptica, una distorsión del paisaje. Creemos, erróneamente, que lo cercano, lo familiar termina por pertenecernos. Acaso solo poseemos, breve, casi fugazmente, lo que alguien nos entrega como un acto de gentileza, de generosidad o de amor. Y mientras te recuerdo o te imagino, o te invento, te busco en mi pasado y en mi futuro, como Oliveira busca a la maga en las calles de Paris cada vez que alguien lee Rayuela. Solo espero tener mejor suerte que él.
Acorralo en mi memoria la imagen de tu rostro en medio de aquella noche, cuando me despedí de ti. Ahora mismo , como esa misma noche, intento recuperar(te), sentir(te), pensar(te), vivir(te).

Te espero.
No estás.

Tomo la taza y bebo los cubos restantes del moka polar.
Miro la hora, es casi un hecho que no vendrás.
Por primera vez pasa por mi mente la posibilidad de irme. Miro hacia la calle. Nada.
Entristezco leve, pero notoriamente.
Pero… quizá algún contratiempo a la salida de tu trabajo, una llamada de último minuto – esto pasa cada rato, siempre hay una llamada tan inesperada como inoportuna cuando tienes prisa por salir de la oficina , ah por que si no tienes nada que hacer , nadie llama -, en fin ,hay que confiar; algo me dice que has de estar a punto de llegar. Si me voy, seguro que mañana me dirás “ llegué y te acababas de ir”, y yo me voy a arrepentir de no haber soportado el peso de la espera.

¿Dónde estás?, ¿ cuál será el sabor de tus labios?, ¿ que encontraré en tus ojos cuando te mire otra vez?, ¿tu mirada , me reconocerá?.
Confiar, hay que confiar.
Miro el fondo de la taza, lo dicho, el moka no deja asientos, pero…mira, esa gotita se mueve y se acerca a…., lo dicho, vienes en camino.
Frente a pruebas tan científicas como contundentes, me decido.
Otro moka, por favor.

Te espero.
No estás.

Te espero.
Apareces.

Una calma y un alivio, que reconozco, me inundan (fugazmente recuerdo el momento en que aceptaste la invitación). Siento la sonrisa en mi rostro, mis manos ya saben la noticia.
Lo sabía, hice bien en esperarte.
Miro tu cabello, tu rostro. Te acercas. Llegas. Una mano tuya toma la mía que sale a darte la bienvenida. Algo dices del trabajo y la distancia (en realidad, no pongo mucha atención a lo que dices) el caso es tu voz sobre mi piel, tus palabras acomodándose entre mis manos, tu mirada – me doy cuenta- que me reconoce, yo te sonrío mientras te sientas a mi lado. Entonces me preguntas si no me has hecho esperar(te) demasiado, y yo, nada mujer, cualquier cosa, mira que acabo de pedir un moka, que todavía no me traen

viernes, septiembre 02, 2005

BESARTE MUCHO

Decir te extraño con mis labios invadiendo tu boca,
Decirme ven, con tus labios desplegando sus alas.

Besarte en la boca cada vez, como la primera vez, sorprendido, ingenuo, ávido, explorando, reconociendo las comisuras, el nacimiento y la orquilla de tus labios, probando su sabor, su tembloroso sabor.

Besarte como si nunca te hubiera besado, olvidando lo aprendido en el beso anterior,
recorriendo, abriendo, respirando a destiempos, ahogándome en medio de un mar azul, muriendo y renaciendo bajo tu mirada, susurrando historias mis de amor y desamor que lloran y se alegran en un nuevo beso.

Besar tu piel, como quién besa a la tierra. Te beso y mi llevo a los labios la lluvia alegre del verano, el mar encabritado del norte, el trigo mecido por el viento, el aroma a playas solitarias, el cobijo de la noche, el fuego del que nacen los montes, el estremecimiento que se hunde en los abismos.

Besar tu piel para reconocer, fundar, apropiar. Reconocerme, fundarme, apropiarme de la existencia. Beso entonces cada evidencia que le robas al vacío a la soledad, a la nada. Cada beso renueva tu, mi , nuestra existencia. Cada beso vindica mi vida.

Besarte como si fuera la última vez. Reconociendo en cada gota de sangre, en el palpitar del cuerpo, en ese aliento que nace al separar los labios, que nunca sabré – cuántas cosas estúpidamente se cree saber de esta vida, para solo comprobar, en medio del desconcierto, de la zozobra, de la inútil ingenuidad, que toda soberbia se paga cara – cuándo será la última noche en que miraré, la última noche en que sacudirás mi abrazo, la última noche en que te besaré.

Mucho, mucho debo besarte para desahogar la vida que se desborda por mi boca, para no dejar para un mañana improbable, para una Tu inexistente, para un Yo , tan equívoco como improbable, el beso que no te daré.

Besarte hoy y sobrevivir todas la noches en un solo beso.
Besarte ahora y darte ahora, en un solo beso, todos los besos.
Mucho debo besarte hoy, por que recostado en tu boca, no hay mañana.

miércoles, mayo 18, 2005

INVASION

INVASION

Me miras, de reojo me miras.
Esperas.
Decides.
Descuidadamente - imperceptiblemente - humedeces tus labios.
Giras tu rostro.
Te acercas, es claro que me tomas por sorpresa; no das tiempo – supongo que de eso se trata – de que yo prevea, levante defensas, amuralle caminos, toque trompetas que anuncien tu subita llegada . Nada
Para cuando me doy cuenta – como era de esperarse -, aprovechando una rafafaga favorable de viento, la exacta conjuncion de ciertos astros, un cambio esperado en la marea y mi tendencia a perderme en el vacio, a levantar amarras y tirarme a la calle de enfrente a la menor provocación, me has besado.
Tu beso, es decir , ahora nuestro beso, me llama, me invoca, me trae , me devuelve. Asi que de pronto, cuando despierto, estoy en tus labios.

Y mientras te beso, siento, se, que tu boca es un surco abierto que humedezco para la siembra; que tu cuerpo se escurre como una fruta recien mordida ; que se desprende de ti un inquietante aroma a tierra mojada ; que tu boca es una luna nueva que sacude todas las mareas ; que tus labios son una sombra rojiza que se recuesta en mi boca; que en medio de nuestro beso hay un océano lleno de corrientes que chocan incesantes; que en este lindo silencio te entrego esto que soy , gota a gota /

De pronto, te separas, entre cierto y confuso, alcanzo mirar tus ojos que se alejan , tu boca a la distancia.
Percibo la sonrisa entre tus labios, tu dulce victoria consumada.
Un solo beso ha bastado, tu piel , tu aliento me han traido del limbo, del destiempo, del destierro para encontrarme – justo donde querias - de nuevo vivo entre tus labios.

sábado, marzo 12, 2005

CAIDA LIBRE

Tu cabello , el cielo
La noche,
Tus ojos, la noche, las lunas
El horizonte
Tus labios ,la humedad, el oleaje
El cielo , la lluvia ,tus ojos
Una lágrima, la profundidad del mar
El mar, tu boca, la humedad, mi sed
La comisura de tus labios
La comisura de tus pechos
La roja humedad ,
Tus labios, las frutas de la tierra,
El horizonte, tu cabello,
El cielo nocturno que me cobija
La noche
Tus hombros, las lunas
Crecientes , menguantes,
Nacen iluminan, mis ojos ,
Mi piel ,
Mi noche,
Mis dedos , tocan, rozan , encuentran, danzan
Tu piel , la humedad ,gotea, río abajo , piel abajo
Tus ojos , la profundidad del mar, la cadencia , el oleaje
El vaivén
La humedad, las comisuras de tus labios
La comisura de tus pechos
La tersa humedad ,
La comisura de tus palabras
La enrojecida humedad,
Tu boca
La cadencia , el oleaje,
La espuma, el vaivén ,va y ven
Va y ven
Tu boca, los labios , tu palabra
Tu nombre, mi nombre
El rojo silencio
Tus ojos, la profundidad del mar
El llanto contenido ,
La mar que va y ven
La cadencia,
El oleaje
Tu paso, la tersura de tu piel
El aroma, la intensidad
Las frutas de la tierra,
La cadencia , el oleaje
Tu andar
La tierra , el horizonte
Las lunas naciendo entre mis manos
Creciente, menguante
Va y ven
Las lunas , escurriendo entre mis dedos
tus ojos
Mirando , mis ojos
La profundidad del mar
Una lágrima
Allá , en el fondo
Tu , yo
La enrojecida boca
La humedad,
La comisura de tus deseos
La comisura de mis sueños
Mi nombre
Tu nombre
Mis manos inventando
Tu piel
Explorando misterios
Tu piel, el aroma
la intensa tersura
Mis brazos , rodeándote
Guardándote, mirándote
Tus manos , mis manos
Tu cabello , el cielo
Una boca que tiembla
Una boca que espera
La humedad embravecida
El río y el mar
Que danzan ,se entregan
La profundidad
Tus ojos mirándome
Tu voz, nombrándome
Tu boca ,Mi beso
Humedad
va y ven
Tu piel
Que nace de entre mis manos
Tus ojos, las lunas
Los misterios bajo tu nombre
Tu nombre, noche
Tu nombre

INVOCACION

Tierrabajo los nombres son incitadores, provocadores, invocadores , sagrados portadores del misterio de la existencia.
Tierrabajo los nombres recuperan la presencia, rescatándola del olvido, desentrañando la memoria ,desenterrando lo vivido. Nombres, que nombrados en medio de la noche, alivian el dolor, cicatrizan el alma herida, aquietan los sollozos , le dan sentido a cada una de la incontables lágrimas , atizan las brazas del fuego pasado.

Tierrabajo los amorosos se invocan mutuamente. Se nombran y de las sombras, del destiempo emergen sus figuras, sus contornos, sus aromas . Están ahí entonces,gracias a la palabra invocadora las miradas amadas, las siluetas recortadas del vacío, los labios entreabiertos musitando algo , los cabellos descolgándose de la obscuridad.
En medio de la noche, los amorosos ( solos , enmedio esa soledad donde la palabra musitada, susurrada, tiene todo poder ) se nombran, se dicen , se deletrean. Sus palabras inventan la luna , el viento, la bruma, los olores que los rodean .De las palabras nacen la boca sedienta ,los brazos extendidos, los dedos temblorosos, la piel que incendiada gota a gota se derrama.

Tierrabajo, los amantes sin más piel que su nombre, sin más identidad que su deseo, sin mas recurso que su palabra ,deletreando sílabas sagradas dichas por el cuerpo que se entrega ,que nacen del espíritu que los habita , estallan en cabellos encabritados, en cadencias enfurecidas, en deseos inexplorados cuyo origen siempre será un misterio.
Entonces los amantes se entregan, se someten a su dueño , al portador de la palabra. , El y ella , poseedores de sus mutuos nombres, tienen irrevocablemente , sabiéndolo o no , aquello que el nombre porta.
Ella lo nombra .El la nombra.
Ella lo invoca. El la convoca.
Ambos se deletrean.
Ambos se poseén


Tierrabajo los amantes, uno frente al otro abren sus cuerpos bajo la llave de sus voces .





Algunas noches recostados como cordilleras sobre las que anochece y derrama el rojo la luna que los atestigüa ,los amantes son como tierras recién descubiertas , entonces él , nombrándolo ,clama para sí potestad sobre cada pedazo descubierto de piel que enardecidamente húmeda, quemándolo se derrama entre sus manos.
Tierrabajo cada nombre es sagrado, cada palabra tiene la esencia creadora de lo nombrado.
Por ello invocarte es recuperar la tierra y la humedad que te conforman , rescatar la noche oculta en tus cabellos, atizar el fuego de tu piel con mi palabra, iluminarme con la luna roja que brilla desde el fondo de tus ojos.

COMO EL MAR DE VERACRUZ

Ella se enamoró de él por que olía a lavanda, por que tenía ese rostro seco de los hombres de mundo, por que le iba al Atlante de Casarín, y por que tenía los ojos verdes como el mar de Veracruz.
El se enamoró de ella por que era una niña que nada sabía del amor , ni de la vida y todo lo creía de él.
Se conocieron un domingo en la mañana , en un día de fiesta en un rincón de la ciudad donde llegó una kermesse que son como una fantasía de la vida – mitad verdad y mitad mentira – de esas kemesse donde hay payasos y jueces ,cárceles y bodas, muchos juegos y algunos besos ; y como había juegos, había una rueda de la fortuna desde donde ves el tiempo que viene, que es para ti y para quién va sentado junto contigo en el carrusel. Ellos se subieron, el la ayudó dándole la mano , y tomados de la mano vieron juntos el tiempo que venía y juntos lo vieron venir. Esa mañana, con un par de amigos como testigos ,frente a un juez que les dio un anillo de plástico , se casaron por primera vez , y pasaron muchos años , cuando paseando por el parque con sus hijos reconocieron que esa boda fue la de verdad.
Desde los primeros besos, que fueron a escondidas de los hermanos de ella, hasta sus últimas miradas , el amor nacido entre ellos fue lleno de ímpetus y relámpagos, indescifrable en su superficie e insondable en su profundidad . El caso es que entre mas tiempo pasaba , mas se parecía al mar de Veracruz; apacible y entrañablemente nocturno ,lleno de suave arena , de luna y viento ,pero aguacero y relámpago a la menor provocación. Tal era entonces la fuerza de su amor, que quienes se encontraban cerca de ellos, danzaban contagiados de la cadencia del oleaje, o sacudidos por la tempestad ,terminaban empapados de la furia de los amantes.
Ella, que tenía la profundidad del mar en el fondo de sus ojos, se la regalaba a él noche a noche , junto con el olor a rosas que tenía hilvanado a su piel. Aroma , que desde que vivieron juntos, llenó cada de una de sus casas y que solo lo abandonó , el mismo día que ella fue ,para nunca más volver, pero esto fue mucho tiempo después, por que hasta antes de ese día, él , que la amaba por sobre todo lo vivo, estaba seguro que ni ella , ni la profundidad de su mirada , ni el olor a rosas lo abandonarían jamás.
A lo largo de los años él llevó hasta ella el mundo que no conocía .Día con día, con un afán insuperable y certero, él volvía a casa con un trozo de vida para que ella lo palpara. Ella, que nunca dejó de ser una niña enamorada, se admiraba de cada vestigio del mundo que él le mostraba. Lo mismo se asombró cuando fue madre por primera vez, que cuando él, sin previo aviso llevó hasta su casa un perro San Bernardo que ella miraba inconcebible , y aunque pasaba media mañana cocinando para él y media tarde resembrando las plantas que el perro había arrancado, le tomó cariño por que, siendo de las dimensiones propias de su especie, cuidaba que su hijo el menor no se saliera de su casa.
El llegó a tener por ella un amor , que no conocería en toda su profundidad, ni con los cuatro hijos que tuvieron, un músico introvertido, un administrador atlantista, una maestra de muñecas y un temible vendedor, ni con los lugares profanos y siniestros que visitaron juntos, ni con los años compartidos. El , que la amaba por sobre todo lo vivo y que regresaba su casa noche a noche siguiendo el rastro del olor a rosas que ella tenía hilvanado a su piel, conoció el verdadero rostro del amor que le tenía 37 años después de conocerla, en aquella mañana del carrusel, cuando ella se fue de su casa , sin previo aviso, una mañana de otoño.

Ella le tenía a él, la admiración que se le tiene lo mismo a un almirante que a un general, aquella ciega veneración – propia de las niñas enamoradas – que se otorga a quién nunca se equivoca, a quién todo la sabe, a quién tiene los ojos verdes como el mar de Veracruz, a quién niega conocer el rostro del miedo, a quién tenía, como él tuvo, la perseverancia – ella decía que era terquedad – de planear , concebir y moldear escrupulosamente el tiempo que venía ,negando y rechazando la intervención de azar o de la providencia, para construir con sus empeños el pequeño imperio, donde él con sus manos fuertes era dueño absoluto del venir y porvenir para regalárselo a ella.
Con el paso del tiempo el amor que nació del olor a rosas, de la profundidad y el verde del mar de Veracruz, a diferencia de los amores reposados , hijos de la tolerancia y el sosiego, se volvió mas impaciente, se hicieron frecuentes vientos del norte ,lluvias imprevistas , relámpagos y tormentas .
Ellos, los amantes regidos mas por mareas lunares que por meses y años, se resistieron a convertirse en espectadores de su propio amor así que donde iban lo llevaban puesto, impregnando los caminos y los destinos de la profundidad de la noche y la cadencia imprevisible del mar.
Ella , que era una niña enamorada , se negó a que olor de su piel se marchitara y que las rosas se fueran de su casa antes que ella, no quiso que su amor se volviera ni viejo, ni sereno, ni apacible. Quizá por ello se fue, cuando el olor a rosas era aun intenso.
El , que nunca creyó en la providencia, no pudo imaginar por que, si en su imperio – según decía el- nada pasaba que él no planeara, moldeaba, decidiera, ella se fuera, de su vida y de la vida , sin pedirle permiso, llevándose la profundidad de la noche en sus ojos cerrados y el olor a rosas hilvanado a su piel .
Frente al peso de la ausencia , ni su perseverancia, ni el poder de su imperio, ni el Atlante , ni el verde de sus ojos como el mar de Veracruz fueron suficientes para crear otra noche, ni para hacer volver el olor a rosas a su corazón.
Por ello, una noche de luna, cuando cansado de escuchar el eco de su propia soledad, abrió su corazón a una probable providencia, se sorprendió de un olor a rosas que inevitable inundara su habitación. El , en su afán de seguirlo se sumergió en mar nocturno y verde en cuyo fondo encontró los ojos perdidos y olor a rosas que seguía hilvanado a la piel de mujer que amó por sobre todo lo vivo.